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Cielo, sol y río...
Verdes sauzales meciéndose perezosos con la suave brisa...
Ceibos coronados de rojas flores...
Ombúes añosos suspendidos de los barrancones,
mudos testigos del secular paso de los tiempos...
De pronto, una bandada de patos vocingleros se aleja hacia el horizonte, ordenados en una línea perfecta de geométricas perspectivas,
justo allende las islas donde el
canal profundo
se agita al paso de un enorme barco cerealero...
Pájaros y flores,
verde y más verde,
armonía del paisaje
que va llevando al viajero por paseos,
calles, caminos y senderos donde la historia dejó sus huellas...
Y en un instante en que el silencio es más profundo,
se escucha el mensaje de las campanas del antiguo templo,
llamando a la misa de las siete
mientras las calandrias benteveos, gorriones, urracas y zorzales
saludan al caserito que anidó en la torre...
Campos ondulados,
surcos y más surcos
donde la soja y el maíz maduran las riquezas de la próxima cosecha,
dominios dorados del trigo de diciembre,
curiosos girasoles acompañando el transcurso del sol por el límpido cielo...
Montes y más montes,
de fragantes duraznos y ciruelas,
arándanos morados
y frutillas encendidas
escondiéndose entre hojas de esmeralda...
Azahares y más azahares que liban las abejas;
naranjas, mandarinas, pomelos y limones madurando en los campos...
Rosas y jazmines,
plantas y arbustos multicolores en los viveros...
Praderas tapizadas de verde pasto,
donde las
haciendas transcurren su día
en el pacífico oficio de rumiar su alimento....
Así es San Pedro, lugar de silvestre poesía,
de natural encanto,
de antiguo linaje colonial...
Para gozar en cada instante su tranquila placidez,
o la emoción de los deportes náuticos,
los paseos por el río, sus costas y barrancas...
Las excursiones y paseos
los viveros y montes frutales,
los pintorescos pueblitos enclavados en medio de los verdes campos...
El misterio de La Salamanca en la Vuelta de Obligado,
donde los recuerdos traen los cañonazos de aquel 20 de noviembre de 1845, cuando los bravos de Mansilla cruzaron el Río con las gruesas cadenas
que aún esperan en el viejo Monumento a los Héroes...
Como también esperan al visitante
los testimonios de los tiempos en los diversos Museos:
el Paleontológico,
con piezas fósiles de millones de años;
el Histórico Regional contando usos, costumbres,
vidas y obras que enriquecen las tradiciones lugareñas;
el del "Pato" Morresi,
vívido relato de las hazañas del gran volante sampedrino...
La Iglesia Mayor,
compendio de historia y emociones;
las Iglesias y Capillas de los barrios y pueblos del campo...
El Palacio Municipal,
la Biblioteca Popular,
los edificios de espléndida arquitectura... Los almacenes de campo,
las casonas de chacras y estancias;
las calles y caminos solariegos
que serpentean acunados por añosas arboledas...
Pasado, presente y futuro...
En San Pedro
la vida tiene un especial sabor...
Sabor que se multiplica en cada mesa,
con las delicias que degustan los comensales,
los sabores del mundo,
porque italianos, franceses, irlandeses,
mallorquines y españoles de las diversas regiones,
alemanes, ingleses, libaneses, paraguayos, bolivianos...
Inmigrantes de aquí y de allá,
de los diversos rincones de la tierra
llegaron con sus tradiciones
para enriquecer la cocina sampedrina,
incorporando exquisitos platos a las viejas costumbres virreinales...
San Pedro tiene las llaves de un paraíso terrenal...
Vení a conocerlo!...
Sus puertas están abiertas esperándote!...
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